lunes, 21 de abril de 2014

"Dile que sí, aunque te estés muriendo de miedo, aunque después te arrepientas, porque de todos modos te vas a arrepentir toda la vida si le dices que no."

Gabriel García Márquez

Tantos años siguiendo la misma filosofía y tirándome de cabeza siempre con un sí en la boca, un sí sincero, un sí abnegado, un sí sin condiciones. Quizás ahora me toque llenarme de unos cuantos no, de escuchar el miedo que es consejero y protector y empezar a arrepentirme de decir no. Porque del sí, arrepentimientos no he cosechado, pero me he llenado el cuerpo de llagas que aún supuran.
¿Qué sabrán los escritores si con hilos de seda manejan a sus atormentados protagonistas desde sus butacas como dioses en el Olimpo? Con la frialdad del que despieza un pollo para la cena, ¿se puede permitir el cocinero decir al pollo qué sentir?

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