lunes, 21 de abril de 2014

Noviembre

El sol se escurre por la ventana lentamente, mientras sus ojos de cielo buscan atraparlo en una caja de cartón.
- Papi, tápala ya, ¡que se va a quemar! - dice impaciente Sophie, pero él le explica que la película necesita su tiempo de exposición para que la luz se pueda impregnar sobre el papel. 
Marie se enrolla en la manta dejándome casi descubierta, las mañanas no son para ella, igual que no lo son para su madre. 
Me levanto y cojo las gafas de sol de la mesita, como de costumbre, no me las quito hasta que me termino el té (con leche y una de azúcar) que cada mañana me preparan Sophie y su padre.
Abro la ventana y me dejo acariciar por el frío viento de la mañana, es noviembre y la implacable humedad recubre cada rincón de la calle. 
- ¡Maman, que nos estropeas la foto! - me regaña Sophie. Me siento en la cama y sacudo a Marie, ayer me pidió que la llevara a los ensayos, la obra estrena dentro de dos semanas y ya casi no quedan días para practicar. 
Me visto mientras hago los calentamientos, Marie se queja y se retuerce en la cama, el pasillo huele a Rodinal y a pan quemado.

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