lunes, 21 de abril de 2014

El ritual.

Siete años y siete intentos. Como un número mágico, un ritual que se repetía cada año. 
Le vi por primera vez en unos de esos cafés entre amigos y semiconocidos, sorbía el té en silencio mientras la nieve helaba las calles. Escuchaba poco y hablaba menos, no parecía sentirse a gusto. 
Siete veces me fijé, primero en sus ojos, luego su barba, su boca, sus dedos... hablaba pausada y tranquilamente pero no estaba a gusto, no. 
Al año siguiente otra vez sus ojos, su barba, su boca... su novia. Esa vez en una plaza del centro. 
Sus dedos, al tercer año. En un escaparate de una galería de aquél barrio, colgaba y alisaba las fotografías de un proyecto antiguo, un work in progress de esos que parece nunca so concluyen por falta de tiempo.
Cuarto, quinto, sexto año y sus ojos, siempre sus ojos. Esos ojos no fueron para mí hasta el próximo año. 
Siete intentos me costaron sus ojos, su barba, su boca, sus dedos y su corazón. 

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